Cuando te metés con temas pesados como la geoingeniería, la exigencia social es implacable. Más allá de que estoy hablando de un tema del que la mayoría nunca escuchó hablar en su vida, como las torres de enfriamiento, y por el que ya de por sí me siento alienado, sumale a eso la aduana que tengo que pagar por hablar de algo así de pesado sin esconder quién soy.
Para el sentido común de la mayoría, el que dice la verdad sobre temas tan importantes como el mío debe ser un tipo neutral, sobrio y ajustado al molde "tradicional". Si rompés ese molde y decís abiertamente (y sin culpa) que te gustan los hombres, se produce un cortocircuito.
Lo surrealista es darse cuenta de cómo opera esa homofobia ambiental. No estoy hablando acá de que me vengan a buscar a mi casa o de los casos de chicos a los que cagan a trompadas por darse la mano en la calle. Me refiero a que me castigan con el botón de unfollow. La validación de antes que se va. Los comentarios de "crack" y "genio" que se van. Te leían o te escuchaban sobre temas complejos porque proyectaban en vos esa figura de autoridad clásica, pero apenas mostrás tu humanidad completa, se borran. Y lo peor es cuando te dicen que no hay necesidad de hablar de eso porque "cada uno hace lo que quiere en su vida privada". O sea, como si todo esto fuera una paranoia mía, cuando la gente demuestra con sus actos que en realidad sí les importa lo que uno hace entre cuatro paredes. No hay un debate sobre tus datos o tu investigación, hay un desinterés que te castiga. Te toleran ser un "genio" mientras te quedes dentro de los límites de lo que a ellos les resulta cómodo.
Este shock es doble cuando te das cuenta de que la falta de espejos te llevó a vos mismo a racionalizar las cosas durante años. Pasar la juventud o llegar a los 26 pensando que si te gustan los tipos tenés "un problema hormonal" o que es "el resultado del estrés" que en algún momento se iba a curar, no surge de la nada. Es la consecuencia lógica de criarte en un sistema donde no hay un solo referente que combine la alta crítica política con la vivencia libre de su sexualidad.

Y esa falta de referentes no es casualidad, porque está inscripta en la historia misma del pensamiento que leímos para entender el mundo. Cuando buscás a los grandes analistas del poder, te chocás de frente con que eran profundamente homofóbicos.
George Orwell, por ejemplo, en sus ensayos y en textos como The Road to Wigan Pier, asociaba de forma explícita la homosexualidad con una desviación decadente de clase. Llegó a escribir sobre "esos vegetarianos devotos de los jugos de fruta, que usan sandalias" ("fruit-juice drinker, nudist, sandal-wearer, sex-maniac"), utilizando la atracción por el mismo sexo como una marca de caricatura, debilidad o falta de seriedad política (es como ahora, cuando por cualquier cosa dicen "maricón" y uno obviamente no puede estar corrigiendo todo el tiempo cuando usan esa palabra enfrente tuyo).
Por otro lado, Wilhelm Reich, a pesar de sus teorías revolucionarias sobre la coraza caracterológica y la energía sexual, cayó en el mismo reduccionismo patologizante. En La revolución sexual, Reich dejó bien clara su postura: "La homosexualidad es un síntoma de un desarrollo psíquico perturbado y de una inhibición de la capacidad de amar heterosexualmente". Para Reich, no era más que una "neurosis" o un bloqueo que la terapia bioenergética debía corregir para devolver al individuo a la funcionalidad heterosexual "natural".
Mi situación es rarísima porque entiendo el valor de la obra de Orwell y Reich. De hecho, los dos me influenciaron un montón. Lo irónico, por supuesto, es cómo Orwell admiraba a E.M. Forster y cómo Wilhelm Reich admiraba a da Vinci. Forster escribió una novela dedicada al amor entre hombres que guardó para ser publicada recién tras su muerte (Maurice), y da Vinci fue perseguido e investigado por sodomía dos veces en Florencia.
Cuando tus lecturas de formación para entender el totalitarismo o las estructuras de control son tipos que te consideran un neurótico a curar o un decadente ridículo, el impacto psicológico es muy fuerte.
Por el otro lado, las figuras que sí hablaron abiertamente de esto (hace poco descubrí a toda una línea de autores como el propio Forster o Christopher Isherwood) quedaron encasilladas en la literatura o lo íntimo. Fijate que yo ignoraba por completo nombres como estos o James Baldwin porque precisamente los encasillan en "literatura homosexual" en vez de "literatura universal". Entonces, si uno no busca exclusivamente eso, no los encuentra. Y es terrible, porque justamente estos son los autores que te pueden salvar y decirte que la homosexualidad no tiene nada de malo y que no es algo trágico ni decadente. En cambio, autores como Thomas Mann o William Burroughs son los que te solés encontrar si buscás a "alguien como vos", y con esto no me refiero a que exista una "personalidad gay" o una esencia fija (como bien decía Gore Vidal, no hay personas homosexuales sino actos homosexuales), sino a encontrar a un hombre auténticamente libre que pudiera servirte de referente. Esos autores no ofrecen una imagen nada esperanzadora. O figuras como Mishima y Mapplethorpe, que aunque potentes, operaban en universos estéticos o destructivos que no sirven de guía para quien quiere dar un combate político o estructural.

Por eso Gore Vidal es como un rayo en la noche. Vidal se le plantó al imperio estadounidense, a la prensa y a la política internacional sin pedirle perdón a nadie por quién se metía en su cama y sin dejar que nadie usara su vida privada para bajarle el precio a sus argumentos. Demostró que se podía ser un analista político letal sin someterse al libreto heterosexual.
Entender esto te hace ver la realidad con una claridad demoledora: la mayoría de la gente sigue pensando exactamente lo mismo que pensaba yo antes de aceptarlo en lo íntimo (no me gusta la expresión "salir del clóset" porque no me refiero al hecho de decirlo públicamente, sino de asumirlo yo internamente), solo que no lo dicen en voz alta. Y a veces pienso que sería mucho mejor si la gente fuera abiertamente homofóbica en vez de ser políticamente correcta, porque sinceramente lo que a uno lo vuelve loco es cómo te quieren hacer creer que el problema no existe, que está en tu cabeza y que la homofobia es cosa del pasado. La realidad es que la mayoría cree que la homosexualidad es algo a corregir o un tema secundario que solo debería existir en nichos inofensivos como la cultura pop, la moda o el entretenimiento.
Estoy haciendo lo que nadie hace, porque llevo el estrés de denunciar temas gigantes como la geoingeniería sin esconderme detrás de una máscara. Esto me deja en una trinchera muy sola. Pero entender de dónde viene toda esta mierda y por qué estoy solo es lo único que me permite no dejar que el desgaste me coma la cabeza.